Mi madrid está hecho de risas en fuencarral, de paseos por bilbao hasta quevedo, de tardes de compras por gran vía y sol llegando en el 51 y volviendo en el 29, más tarde yendo y viniendo con el 128, de calimotxo y pipas en el berlín, de domingos de dunkin donuts y rastro, de noches para olvidar en torreuropa. De noches para recordar en el Tábata, de los gritos de Socorro, los jardines zen de la casa de álvaro, el césped húmedo de la facultad, los martes loco, las cervezas en inmejorable compañía ya fueran en “los tigres”, sedna, rey de las tortillas, barriletes, chipi. De manifestaciones contra la guerra, contra el terrorismo, contra los taurinos, en pro de una vivienda digna. La tierra de los mil y un trabajos. Y no puedo volver.